Physical Address
304 North Cardinal St.
Dorchester Center, MA 02124
Physical Address
304 North Cardinal St.
Dorchester Center, MA 02124


La palabra «metaverso» suele evocar un futuro lejano: avatares, visores de realidad virtual y mundos digitales donde pasaremos el día. Esa imagen, impulsada en buena medida por las grandes tecnológicas, dejó la sensación de que el metaverso es un destino al que todavía no llegamos. Es un malentendido útil de corregir.
El metaverso no es un lugar único ni una tecnología por venir. Es una forma de describir cómo se mezclan nuestra realidad física y el mundo digital, y buena parte de esa mezcla ya forma parte de la vida diaria. No vivimos en un solo mundo virtual: pasamos de una experiencia digital a otra casi sin darnos cuenta.
La versión más accesible es la realidad aumentada, que superpone elementos digitales al entorno físico a través de la pantalla del teléfono. Pokémon GO, con personajes que aparecen en parques y calles reales, la popularizó. Los filtros que añaden efectos a tu cara en redes sociales o las aplicaciones de tiendas que te muestran cómo quedaría un mueble en tu sala son ejemplos cotidianos.
Todas crean una capa digital que interactúa con tu realidad en tiempo real. No necesitan visores especiales ni mundos aparte, y por eso son la puerta de entrada más común.
Los videojuegos llevan años adelantándose. Plataformas como Roblox o Fortnite funcionan como ecosistemas donde la gente no solo juega: socializa, asiste a conciertos virtuales, compra artículos para su avatar y participa en eventos.
Una característica importante es que son persistentes: siguen existiendo y cambiando aunque el usuario se desconecte. Por eso ya no se entienden solo como juegos, sino como espacios sociales y económicos digitales.
El concepto también llega al trabajo. Algunas plataformas de reuniones han incorporado avatares y espacios virtuales compartidos para hacer las juntas más dinámicas; Microsoft, por ejemplo, llevó avatares a Teams. Las conferencias y eventos virtuales, que se generalizaron durante la pandemia, son otra muestra de cómo usamos espacios digitales compartidos para colaborar, aprender y conectar.
Desmitificar el metaverso tiene una consecuencia práctica: la conversación deja de ser «¿cuándo llega?» y pasa a ser «¿qué experiencias digitales usa ya mi público y cuáles aportan valor?». Algunas preguntas útiles:
La innovación con sentido no consiste en adoptar una tecnología porque suena a futuro, sino en identificar qué problema resuelve para las personas a las que sirves.
El metaverso no es una película de ciencia ficción, sino una evolución continua de cómo vivimos, trabajamos y nos conectamos. Entender que no es un lugar al que nos mudaremos, sino una red de experiencias que ya usamos, permite aprovecharlo con criterio en lugar de esperar una promesa lejana.
Sigue explorando nuestras secciones de Innovación y Tecnología.