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Cómo escribir prompts que funcionan: los cinco elementos de una buena instrucción para la IA, un ejemplo antes y después, técnicas útiles y una plantilla para empezar.
Dos personas usan la misma herramienta de inteligencia artificial. Una obtiene textos genéricos que tiene que rehacer; la otra obtiene borradores casi listos para usar. La diferencia casi nunca está en la herramienta, sino en la instrucción. A esa instrucción se le llama prompt, y aprender a escribirla bien es una de las habilidades más rentables que puede desarrollar quien trabaja con IA.
No se trata de memorizar fórmulas mágicas ni de copiar «los 100 mejores prompts». Se trata de algo más sencillo y más útil: aprender a explicar un encargo con claridad, como lo harías con una persona capaz que no conoce tu negocio.
Un prompt es la instrucción que le das a un modelo de IA: lo que le pides, el contexto que le das y las condiciones que debe cumplir. El modelo no conoce tu negocio, a tu cliente ni lo que tienes en la cabeza. Todo lo que no le digas, lo va a suponer, y cuando supone, tiende a lo genérico.
Por eso una instrucción vaga produce resultados vagos. «Escríbeme un post sobre mi negocio» obliga a la IA a inventar casi todo. Una instrucción clara reduce las suposiciones y aumenta la probabilidad de que el primer resultado ya sirva.
No solo qué quieres que haga, sino para qué. «Escribe una descripción de producto» es una tarea; «escribe una descripción que ayude a decidir la compra a alguien que llega desde una búsqueda en Google» es un objetivo. El para qué cambia el resultado.
Quién eres, a quién te diriges, qué vendes, qué tono usas, qué ya intentaste. Es la parte que más se omite y la que más mejora la respuesta. Si tienes un documento, una página o una conversación de referencia, compártelo.
Límites de extensión, palabras que no quieres, datos que no debe inventar, temas que no debe tocar. Las restricciones evitan errores que después tendrías que corregir.
Una lista, una tabla, tres opciones para elegir, un texto listo para pegar en WhatsApp, un correo con asunto. Decir el formato ahorra una segunda vuelta.
Si tienes un texto que te gusta, muéstralo. Un buen ejemplo comunica tono, estilo y nivel de detalle mejor que muchos adjetivos. Aclara si quieres que lo imite o solo que lo use como referencia.
Instrucción vaga:
Escríbeme un mensaje para promocionar mi curso.
Instrucción clara:
Tengo un curso en línea de repostería básica para principiantes, en español, dirigido a personas en México que quieren vender postres desde casa. Necesito un mensaje para enviar por WhatsApp a contactos que ya preguntaron por el curso. Objetivo: que pidan el enlace de inscripción. Tono cercano y directo, sin exagerar. Máximo 80 palabras. No inventes testimonios, descuentos ni resultados. Dame tres versiones distintas para elegir.
La segunda tarda un minuto más en escribirse, pero elimina casi todas las suposiciones. El resultado suele necesitar ajustes menores en lugar de reescritura completa.
Trabajamos con Claude todos los días para administrar este blog y la tienda de ebooks Lectura Digital MX, casi siempre desde una tableta. Estas son las prácticas que más diferencia nos han hecho:
Al principio pedíamos cosas como «mejora esta página», y el resultado había que revisarlo línea por línea. La mejora llegó cuando empezamos a dar instrucciones como si fueran un encargo a un profesional: qué queremos lograr, qué no se debe tocar, para quién es y cómo sabremos que está terminado.
Hay instrucciones que aplican a todo el proyecto: no inventar estadísticas, testimonios ni resultados; no eliminar nada sin revisar para qué sirve; dejar marcado como pendiente lo que no existe todavía. En lugar de repetirlas en cada conversación, las tenemos escritas como instrucciones del proyecto. Así cada encargo empieza con el mismo criterio.
Para los trabajos recurrentes, como redactar artículos con el tono de cada sitio o descripciones de ebooks con una estructura de venta, guardamos las instrucciones como habilidades (skills) en Claude. Cuando la tarea vuelve, el estilo y la estructura ya están definidos.
Cuando un cambio afecta a todo el sitio, pedimos que se haga un paso por vez y que se compruebe el resultado antes de seguir. Un prompt no es solo lo que pides; también es cómo organizas el trabajo.
Puedes copiar esta estructura y llenarla según tu tarea:
Objetivo: [qué quieres lograr y para qué]
Contexto: [quién eres, a quién va dirigido, información relevante]
Restricciones: [extensión, tono, lo que no debe hacer o inventar]
Formato: [cómo quieres recibir el resultado]
Ejemplo: [opcional: un texto de referencia]
Si quieres ver cómo aplicar esto en tu rutina, revisa nuestro método de productividad con IA en cinco pasos y las 10 ideas de contenido en 10 minutos con IA.
Es la instrucción que le das a una herramienta de inteligencia artificial: lo que le pides, el contexto y las condiciones que debe cumplir. La calidad del resultado depende en gran parte de la claridad de esa instrucción.
Los principios son los mismos: objetivo claro, contexto, restricciones, formato y ejemplos. Cada modelo responde con matices distintos, así que conviene probar y ajustar.
No. Es mejor un prompt completo, no uno largo. Si cada frase aporta información que la IA necesita, la extensión está justificada; si repite o adorna, estorba.
Pueden servir como inspiración, pero ninguno incluye tu contexto, que es lo que más mejora el resultado. Aprender la estructura te da más que cualquier colección.
Escribir buenos prompts no es un truco técnico: es saber explicar un encargo. Objetivo, contexto, restricciones, formato y ejemplos. Practica con una tarea que repites cada semana y guarda la instrucción que mejor te funcione. En poco tiempo tendrás tu propia biblioteca de instrucciones, y esa sí es un activo que se acumula.
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